jueves, 6 de junio de 2013

El otro día, por primera vez en mucho tiempo, no lloré de tristeza ni de dolor.

Lloré porque el cumpleaños que pensé que iba a ser el más triste, fue uno de los más lindos.

Lloré porque de repente me descubrí sonriendo y bailando liviana, sin ese peso y ese nudo en la garganta de los últimos meses.

Lloré porque me di cuenta de que estoy cambiando, de que crecí, pero también porque sigo siendo yo.

Lloré porque aparecieron personas que parece que hubieran estado siempre.

Lloré porque tengo muchas cosas por hacer, y también ganas de hacerlas.

Lloré porque me rodea mucha gente hermosa que me empuja para adelante.

Lloré porque me están pasando cosas lindas que pensé que no me iban a volver a pasar.

Lloré de alivio.